Un lustro después de que comenzaran las obras para soterrar la pasante ferroviaria de Euskotren a su paso por Pasai Antxo, el municipio abre hoy una nueva etapa
Cinco años después de que comenzaran las obras para soterrar la pasante ferroviaria de Euskotren a su paso por Pasai Antxo, el municipio está a punto de abrir una nueva etapa.
Hoy entrará en servicio la nueva estación subterránea del Topo de Pasai Antxo, culminando un proyecto que ha transformado el corazón del municipio. Gure Zumardia ya luce completamente reurbanizado, con nuevos espacios peatonales y zonas verdes, mientras el siguiente paso será el derribo del viaducto ferroviario que durante décadas ha dividido el distrito.
Durante estos años, el ruido de las máquinas, el polvo y las vallas han formado parte del paisaje cotidiano. Ahora, entre comerciantes y vecinos predomina una sensación compartida: la de haber llegado, por fin, al final de una larga espera.
Quienes mejor conocen lo que han supuesto las obras son los negocios que han convivido con ellas puerta con puerta. En la tienda de chucherías Txema, situada junto a la actuación, Txema Galparsoro y Marisol Martínez resumen el desgaste acumulado en una frase sencilla: “Quedaban pocos días y todavía seguía limpiando polvo”. Entienden que “las molestias eran inevitables en una obra de esta envergadura”, pero reconocen que lo más duro no ha sido solo el polvo, sino las vallas, que durante años ha ocultado su pequeño negocio, alejándolo de buena parte de la clientela.
Años de obras
“Casi cinco años, se dice pronto”, señalan en alusión a la duración de las obras. Un tiempo en el que, además, han tenido que adaptarse continuamente a los cambios en los accesos y al desarrollo de la obra. A pesar de ello, poco a poco ven la luz al final del túnel y, durante los pasados sanfermines, explican, han notado un aumento en las ventas.
Aun así, Galparsoro y Martínez prefieren mirar hacia adelante. “Esperemos que sí”, responden cuando se les pregunta si la espera habrá merecido la pena. Confían, además, en que el resultado final esté a la altura del sacrificio realizado: “Después de aguantar cinco años, espero que no haya imprevistos”, apunta Martínez. De momento, valoran positivamente la recuperación del entorno.
Inversión
Ellos mismos reconocen que serán usuarios habituales de la nueva estación. Las restricciones de aparcamiento les obligan ahora a desplazarse en Topo hasta el trabajo, por lo que la infraestructura también cambiará su rutina diaria.
Pakita Elizegi, vecina del barrio, contempla con satisfacción el nuevo Gure Zumardia. “Ahora está precioso”, asegura. En su caso, las obras apenas alteraron su día a día. “No me han molestado nada, he tenido suerte”, explica.
Aunque ella ya no utiliza tanto el Topo, sabe que la nueva estación facilitará los desplazamientos de sus hijos, que viven en distintos municipios y acuden con frecuencia a visitarla. “Podrán venir a visitarme con más facilidad”, añade con una gran sonrisa.
Respecto al viaducto que pronto desaparecerá, no siente nostalgia. “Lo que estorba, hay que quitarlo”, dice convencida. “Cuanto más liberemos las calles, mejor”.
Entre los comerciantes también reconocen que la desaparición de las vías del centro del pueblo tiene sentido desde el punto de vista urbano, aunque admiten que el viejo trazado formaba parte de la identidad del barrio. “Hay gente que lo va a echar en falta”, comenta Galparsoro entre risas, recordando las historias que escucha en la tienda. “Hay quien se regulaba con los horarios del Topo: si veía pasar el tren decía ‘¡Son las seis!’ y se levantaba”.
Sin embargo, no todos creen que la mejora del servicio justifica la inversión requerida. Miren Santa Marina, que utiliza el Topo con frecuencia, cuestiona que el ahorro de unos minutos de espera compense el coste de la actuación.
“Yo no lo habría hecho”, afirma con rotundidad. “Tenemos Topo cada doce minutos, y pasar a frecuencias de siete no justifica semejante cantidad de millones”, asegura. Tampoco comparte algunas de las decisiones urbanísticas adoptadas en Gure Zumardia. “Lo nueva entrada al Topo la veo fuera de lugar”, comenta mientras observa la remodelación del entorno.
Preocupación
Durante la ejecución de las obras hubo preocupación por las grietas aparecidas en algunos edificios y por el comportamiento de las nuevas canalizaciones. En su caso, Galparsoro y Martínez explican que no han sufrido daños en el local, aunque sí siguieron con inquietud algunos problemas detectados durante la instalación de la red de drenaje. Ahora esperan que el mantenimiento posterior evite futuras inundaciones.
Con la apertura de la nueva estación subterránea, Pasai Antxo cierra una de las etapas de obras más largas y complejas de su historia reciente que por fin hoy dará sus frutos cuando comience a circular el Topo bajo tierra, lo que permitirá al distrito recuperar definitivamente un espacio que durante años estuvo ocupado por excavadoras, vallas y maquinaria. Quedará todavía un último capítulo, el derribo del viaducto, pero muchos vecinos sienten que lo más difícil ya ha pasado. Porque, más allá de opiniones sobre el coste o el diseño, casi todos coinciden en una cosa: cinco años de obras ya eran suficientes.
